Una investigadora demuestra que el aluminio eleva el riesgo de párkinson

La acumulación de aluminio en el cerebro, un proceso natural con la edad, “es un factor de riesgo” en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Aunque por si solo no provoca la enfermedad, niveles de concentración de aluminio superiores a la media disminuyen la lucha de los sistemas enzimáticos contra los radicales libres, sustancias que atacan a las células en general y a las neuronas que se encargan del sistema motor del cuerpo en particular. La tesis doctoral de Sofía Sánchez, presentada en la Universidad de Santiago, confirma los peligros del aluminio.

 

El contacto físico con objetos de este metal no afecta, explica Sánchez, sino que lo peligroso es su inhalación o ingesta. El aluminio se emplea en utensilios de cocina -que a altas temperaturas y en medios ácidos se pueden acumular a los alimentos-, en fármacos, como antidiarreicos y antiácidos, y en productos de cosmética y perfumes. Sánchez considera que se debe limitar y “controlar” la exposición al aluminio, que hoy en día, dice, es alta. Aunque de forma natural el cuerpo elimina un 95% del aluminio que entra a diario, las personas con problemas renales sufren una acumulación mayor y, por lo tanto, más posibilidades de desarrollar párkinson.

 

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