El Hospital de Puerto Real inicia un nuevo tratamiento contra el Parkinson

La cura se aplica con éxito en pacientes en estado avanzado de la enfermedad

“Para los neurólogos, tan acostumbrados como estamos a contemplar procesos irreversiblemente degenerativos, encontrar un remedio como este es enormemente gratificante”, comenta la doctora Miriam Sillero.

Sillero habla del tratamiento destinado a enfermos avanzados de Parkinson que ha puesto en marcha recientemente el equipo de neurólogos del Hospital Universitario de Puerto Real -integrado, junto a ella, por Nuria Rodríguez y Juan José Asencio-. Una aplicación que consiste en la administración de una infusión continua de levodopa mediante sonda en el duodeno: solución que permite evitar las fluctuaciones motoras que normalmente se asociaban a la administración convencional del medicamento, ya que los activos “pasan directamente a la sangre”.

José Fernández, diagnosticado como enfermo de Parkinson desde hace once años y, desde hace dos, en fase severa de la enfermedad, ha sido el primer paciente en la provincia en experimentar este tratamiento -un método que ya han recibido 250 enfermos en España-.

“José llevaba tiempo tratándose con levodopa, que le administrábamos por vía oral y subcutánea -explica Miriam Sillero-. Pero tenía ya el abdomen lleno de nódulos y entraba en fase off (no activa) muchas veces al día”.

El mismo enfermo confirma la diferencia abismal que ha supuesto en su calidad de vida -y en la de Pepi, “su mujer y enfermera”- esta nueva cura. “Esperanza siempre hay que tener -comenta, al recordar cuando le hablaron de este nuevo proceso-, pero no podía esperar que fuera tan diferente”.

Antes del tratamiento, José tomaba cerca de veinte pastillas diarias. Cuando el efecto de la medicación desaparecía, pasaba las horas en “bloque”. Salir de su casa por su propio pie era una utopía: apenas podía tragar, era incapaz de atarse los cordones. “Hace tan sólo dos semanas, no tenían vida -indica la doctora Sillero- ni él ni su mujer”. La solución comenzó a aplicarse a iniciativa del equipo neurológico del Hospital, ante los efectos no satisfactorios que comenzaba a tener el tratamiento tradicional.

“A esto sumamos, además, que al ser una sola toma, provoca muchos menos efectos secundarios que cuando se administraba cada seis u ocho horas -añade la doctora-. Como cualquier enfermedad de Parkinson o cualquier gastrostomía, ha de estar vigilado, pero, a excepción de un poco de temblor, no tiene mucha más complicación. Y solamente el poder andar por sí mismo ya compensa lo suficiente”.

Fuente: www.diariodecadiz.es

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