No beber suficiente líquido deteriora la salud de los mayores

Una alimentación adecuada, hidratarse y hacer ejercicio físico contribuye al bienestar de este colectivo

La hidratación en parkinson
Una correcta hidratación, junto a una alimentación adecuada y una actividad física adaptada a la edad son las bases de la salud y de la calidad de vida en las personas mayores. No seguir estas pautas supone un grave deterioro físico y psíquico, morbilidad y mortalidad en los mayores.

Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que los hábitos de la población se alejan paulatinamente del ideal teórico. Para la doctora Ortega, catedrática de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, «el desconocimiento observado en temas de nutrición, es más grave y evidente en temas de hidratación. Con frecuencia las personas no pueden precisar lo que han bebido y tampoco saben lo que deberían beber. La población no tiene conocimiento sobre la cantidad de líquido que deben tomar, y suele consumir una cantidad insuficiente».

Una de las poblaciones más afectadas por una inadecuada hidratación, o las consecuencias que se derivan de ella, son las personas mayores, ya que «tienen menor cantidad total de agua en el cuerpo, su percepción de sed es menor que la de las personas jóvenes y sus funciones renales se reducen con la edad, a lo que se suma que beban poco por la incontinencia urinaria», asegura la doctora Ortega. La experta en nutrición también advirtió de que al riesgo de no tener una adecuada hidratación, se añade la disminución de la actividad física, «lo que condiciona un deterioro de la composición corporal, un menor gasto energético y mayor riesgo de obesidad y padecimiento de determinadas deficiencias, tanto cognitivas como físicas».

Por otro lado, el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y presidente de la Academia Española de Nutrición y Ciencias de la Alimentación, el profesor Lluis Serra-Majem, incidió también en la poca información existente sobre la relación entre el consumo de líquidos y los niveles de actividad física en niños y adolescentes. Según este experto, el porcentaje de esta población que no consume la cantidad de líquido necesaria a lo largo del día «es mayor entre los niños y adolescentes muy sedentarios que entre los físicamente activos», algo en lo que influyen «una serie de condicionantes demográficos, sociales y ambientales, al igual que su estado de hidratación», por lo que es importante «actuar en la promoción de la actividad física entre los más jóvenes para que los hábitos de estilo de vida saludables, incluidos los de hidratación, perduren y se transmitan en el conjunto de la población».

A este respecto, el profesor Serra-Majem recordó que cerca del 50% de niños y adolescentes españoles no realizan suficiente actividad física, siendo además los ciudadanos europeos que menos ejercicio practican en horario extraescolar.

Rendimiento cognitivo
Una situación de deshidratación conlleva un marcado descenso de la capacidad de rendimiento psíquico. En concreto, aún en situaciones de deshidratación leve de s0lo un 2%, habilidades cognitivas cómo la coordinación viso-motora, la atención, y la memoria a corto plazo quedan afectadas de forma inmediata, y en niveles superiores, desciende la capacidad de alerta y concentración, y aumenta el cansancio, la fatiga y la somnolencia. «Los cambios en la cantidad de electrolitos en el cuerpo producidos por la deshidratación pueden alterar la actividad cerebral y otros sistemas que intervienen en el proceso cognitivo. Además, en un estado en el que no se tiene una óptima hidratación, la pérdida de líquidos conduce a la producción de hormonas de estrés, factor subyacente de los efectos negativos en la percepción, habilidad espacial y memoria», explicó Ana Adan, profesora titular de Psicobiología del Departamento de Psiquiatría y Psicobiología Clínica de la Universidad de Barcelona.

La profesora Adan también incidió en que el rendimiento cognitivo, así como la alerta, la atención y la capacidad de concentración, «pueden verse afectados de forma positiva con el consumo de dosis bajas de cafeína, al igual que la capacidad de aprendizaje y memoria, si se mezcla con glucosa; y además, este tipo de bebidas pueden contribuir a mantener un nivel adecuado de hidratación».

Fuente: ABC.es

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